Si ya llevas unos días en Tokio, el paseo a Odaiba es justo y necesario. Es un oasis de tranquilidad, silencio y naturaleza (¡sin olvidar que aún se está en Tokio y que la isla es artificial!).
Ya he ido un par de
veces. La primera vez, en el verano de 2010, fue bien refrescante ya que
incluyó patitas en el agua y caminata con compra de helado en una de esas
tantas máquinas expendedoras que aparecen mágicamente cuando las necesitas.
La segunda vez, en
invierno de este año (febrero 2013), no nos sacamos ni los zapatos y sólo nos
limitamos a tocar el agua con las puntas de los dedos de la mano. Lo que sí, la
luz de la tarde invernal era preciosa y la orilla de la playa estaba llena de
gaviotas, patos y peces con los que nos entretuvimos un buen rato.
Hay varias supuestas
atracciones turísticas en la isla tales como centros comerciales, restaurantes,
termas y algunos edificios emblemáticos, entre otras cosas. Para mí, lo más
valioso de todo es el trayecto en tren elevado que recorres para llegar hasta allá (te
permite ver la ciudad desde otra perspectiva), el tren en si mismo (¡es un
lujo!), y la posibilidad de estar en la playa y descansar un rato del ajetreo
urbano.
*Todas las fotos de este post fueron tomadas en febrero de 2013.









No hay comentarios:
Publicar un comentario