Hay algunos que viajan para hacer shopping; otros para ir de carrete, fiesta o parranda. Hay quienes viajan para recorrer museos y sitios históricos; otros sólo quieren descansar bajo el quitasol mientras se toman un cocktail o alguna bebida exótica. También hay viajeros que escalan montañas y hacen deportes diversos y extremos. Yo, hago un poquito de cada cosa, pero lo que más hago y, en lo que más invierto, es en comer rico.
Demás está decir que soy
bien aventurera cuando se trata de probar platos nuevos; y que mi política de no comer
carnes rojas se flexibiliza un poco durante los viajes para poder saborear
todas las especialidades locales que sean necesarias.
Una de las comidas más
ricas de la úlima visita a Tokio —y que disputa el primer lugar con el okonomiyaki de Shimokitazawa— la disfrutamos en un restorán muy tradicional la noche antes de irnos.
El restorán era una especie de rechao taiwanés (熱炒) pero mucho más lindo
y encantador. No sé cuál es la dirección, y creo que tampoco es tan relevante
porque hay muchos restoranes como éste en la ciudad. Sólo sé que queda en
Ikebukuro a un par de cuadras de Kimi Ryokan —el lugar donde estábamos
alojando.
Las cosas que pedimos para la parrilla
estaban buenas. El plato de salmón ahumado estaba rico. El filete de atún
asado...¡¡¡OMG!!! Nunca antes había comido, o he vuelto a comer, un atún
(cocido) tan espectacularmente delicioso como ése. La foto quizás no le hace
mucha justicia, ¡pero si sólo pudieran sentir el aroma! Se me hace agua la boca
al recordarlo.



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