Si las fotos de
Kinkaku-ji y Ryoan-ji emitieran sonido, se escucharía algo así como
"Brrrrr".
Era tanto el frío ese día en Kioto, y nosotros
estábamos tan poco preparados para esas condiciones meteorológicas, que aún al
ver las fotos siento como si soplara una brisa fría.
De todas formas, incluso con frío y la nieve ocasional que cayó
ese día, todo se veía precioso. Los rayos del sol de invierno, a pesar de no
calentar, se proyectaban sobre los templos y jardines de forma que cada escena
se transformaba en un embeleso del que había que salir prontamente para no
quedarse congelado en el lugar.
Kinkaku-ji es un templo de esos que pocos dejan de visitar, uno de esos
lugares tan emblemáticos que si tipeas "Kioto" en Google, la foto del
Pabellón Dorado será la primera en aparecer.
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| Kinkaku-ji, Kioto |
Es realmente
bonito, no sólo por el edificio dorado en medio de la laguna, sino también por
el conjunto que se crea entre éste y los otros edificios del complejo, el
paisaje, el diseño de los jardines y sus tonalidades. Al recorrer el lugar te
das cuenta de cómo cada cosa estuvo cuidadosamente pensada para armar esa
espectacular escenografía.
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| Kinkaku-ji, Kioto |
El otro templo que vimos ese día fue
Ryoan-ji, el cual aún no termino de entender. Es, según dicen, uno de los
templos Zen más famosos de Japón debido a su "jardín de rocas" o
"jardín de paisaje seco". Las
interpretaciones sobre el por qué del diseño y la disposición de estas 15
piedras grandes en el rectángulo de arena son bien variadas, y creo que hay
tantas como visitantes tiene este lugar.
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| Ryoan-ji, Kioto |
Personalmente, no
sé si producto del frío o qué, mi capacidad de "leer " el mensaje
oculto fue más bien nula, y luego de sentarnos por un breve momento a mirar las
rocas, decidimos que seguiríamos nuestro propio camino, no el del Zen.



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