En ese
entonces me llamaban la atención las cucarachas en las calles, la diversidad de
comida en los mercados, mi capacidad de escribir en chino, las ofrendas
religiosas en las entradas de las tiendas, los buses rosados, el pollo negro y
la arquitectura e iluminación de los templos. El Taipei 101 siempre estaba ahí
formando parte de este paisaje, irguiéndose solitario en medio de una ciudad
que -como buena capital asiática- no descansa.
Los shows
con serpientes en el Callejón de las Serpientes cerca del Templo
Longshan (龍山寺), y una suerte de exorcismo que tuvimos la oportunidad de atender
casualmente en Bitan (碧潭), fueron algunas de las cosas más
bizarras que vimos durante los primeros meses en Taiwán. Era agosto del
2007, y recién comenzaba lo que sería esta aventura asiática.
Estas fotos
me recuerdan lo que fueron esas primeras impresiones fruto de los encuentros
iniciales con Taiwán. La cámara en ese entonces era bien humilde y la
técnica de la fotógrafa bastante pobre, pero las fotos aún sirven para hacerse
una idea de lo que fueron esos cuatro meses tras el aterrizaje.

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