Los eventos
inesperados son a los viajes como la mantequilla es al pan recién salido del
horno. Viajar como un miembro más de un tour con megáfono donde te llevan de la
mano a cada lugar, y donde no hay ni un mínimo margen de error (como perderse, comer algo malo, mirar el monumento x desde el ángulo
equivocado, perder un tren, llegar al museo después del horario de atención, ir a un lugar que
ya no existe, etc.) es seguro, conveniente, fácil, y te garantiza que al final
del viaje habrás hecho "todo lo que había que hacer". Sin embargo,
desde mi punto de vista es lo insípido.
Es como que no hubiese mantequilla en el refri y el pan se enfríe antes de que
te lo puedas comer. Fooomeee. Ni un brillo.
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| Vista desde la Tokyo Tower |
¿A qué va
todo esto? A que en el último viaje a Tokio habíamos pensado ir a la Tokyo Skytree, pero por esas cosas de la vida terminamos yendo a la celebración de este festival y resultó que a un par de cuadras del templo estaba la TokyoTower, algo parecido a la Tokyo Skytree
pero 50 años más antigua y con la mitad de la altura.
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| El templo Zojo, donde fuimos al festival, se ve en la esquina izquierda, abajo. |
Como estábamos tan cerca decidimos subir pensando en que otro día iríamos a la Tokyo Skytree; lo que nunca ocurrió porque después de haber pagado, subido, visto la vista y tomado las fotos, nos dimos cuenta de que ya estábamos check con ver la ciudad en miniatura.
La
experiencia en la Tokyo Tower fue buena —siempre es impresionante ver una
ciudad gigante desde las alturas— y lo mejor de todo es que fue un panorama
totalmente improvisado y relax; pero
está lejos de lo que se siente en el observatorio del Shanghai World Financial Center con su piso transparente y la vista —nocturna— de Shanghai y el Río Huangpu; top 1 en mi modesta
lista de torres/rascacielos asiáticos. Lo siento Taipei 101, te tengo un cariño
especial pero no eres mi favorito.




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