Si es que llevas unos
días en Tokio y de alguna forma te las has arreglado
para no hacer nada de shopping (cosa difícil, pero posible), es un hecho que al
llegar a Asakusa te entrarán las ganas por desembolsar al menos algunos yenes.
El Mercado Nakamise remonta sus orígenes al
siglo XVII y, a pesar de que ha experimentado al menos un par de
reconstrucciones, al caminar por sus paseos y pintorescas calles aledañas se puede
respirar algo sobre la historia de Tokio. Incluso cuando el área está llena de
turistas tanto locales como extranjeros, la impronta del lugar sale a relucir
entre el ajetreo, el bullicio y los miles de productos que se muestran y huelen
desde las tiendas.
Todo lo más representativo -estereotípicamente
hablando- de Japón, se puede adquirir allí en forma de souvenir. Y precios hay para todos los gustos. Calidad
también, por supuesto.
Senso-ji o Templo Senso, es una gran
atracción y, para muchos, la razón principal para visitar Asakusa. El templo es
verdaderamente impresionante por la magnitud de la construcción, el gran área
que ocupa, su arquitectura y todos los pequeños y gigantes detalles decorativos
que ostenta. Vale la pena entrar y recorrerlo aunque, como siempre, esté
saturado de gente.
Luego de ver el templo, una buena idea es
perderse entre las callecitas del barrio y descubrir tiendas, restoranes, algún
jardín escondido y otros santuarios de menor envergadura. Una mañana completa
es ideal, e incluso puede llegar a ser poco tiempo para recorrer este antiguo, pero aún
vigente, centro de esparcimiento de Tokio.


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