Al pensar
en el primer viaje a Japón y el primer día en Tokio es imposible no pensar en
el ryokan que nos alojamos aquella vez (Tokyo Ryokan). La
hospitalidad de Kenichi, que comenzó por saludarnos en chino mandarín apenas
pusimos un pie en el umbral de la puerta cuando llegamos del aeropuerto a eso
de la 1:00 AM, hizo que toda la experiencia de Tokio y Japón fuera algo mucho
más inolvidable.
Lo primero
que quisimos hacer a la mañana siguiente fue ir a saludar al "dueño de
casa", así que después de estudiar el mapa de las líneas del metro partimos
al Palacio Imperial.
Era invierno, hacía
mucho frío y no había casi nada de sakura. Ahora que lo pienso, esas deben
haber sido las razones para que hubiese tan poca gente. Un par de semanas más tarde y hubiésemos
tenido que zambullirnos en el mar de turistas.
Fue el mejor momento para ir. Era fácil tomar fotos sin gente y el diseño de los jardines se podía apreciar en toda su magnitud. Incluso vimos algo de sakura.¡Lindo, lindo, lindo!
Nota: Esta entrada está dedicada a quien fue mi compañero de viaje en la segunda ida a Japón, ya que en esa oportunidad el Palacio Imperial estaba cerrado y nos tuvimos que contentar con mirar desde fuera.




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