Seúl es una ciudad moderna, ultra desarrollada
y donde a simple vista es difícil notar rasgos distintivos de la historia y las
tradiciones de los coreanos. Como
cualquier otra gran capital, las raíces se esconden hasta perderse en rincones a
los que los turistas casuales pocas veces logran llegar.
Un día fuimos al barrio donde se
encuentra el Palacio de Gyeongbokgung,
y sin mucho entusiasmo y con expectativas bajas, entramos para echar una
mirada. El edificio en sí mismo era imponente y me trajo más de algún recuerdo de la Ciudad Prohibida en Beijing, claro que a otra escala (lo de Beijing tiene dimensiones absurdamente grandes), de otro estilo arquitectónico y de otro tiempo (debido a la reconstrucción de Gyeongbokgung) .
Lo que más me cautivó fue el cambio de guardia del Palacio (creo que el primer cambio de
guardia que me ha parecido verdaderamente atractivo en toda la vida). Comenzó un minuto después de que pusiéramos un
pie dentro del recinto así que fue como si nos hubiesen estado esperando.
Una buena parte del mérito se la llevan los
trajes , la música y la cuota de caracterización que aporta cada uno de los que
participan de esta ceremonia. Me sentí como si hubiese estado en medio de un
drama o película coreanos. Totalmente
recomendable para "sentir" Seúl.


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