Todas, o tal vez la mayoría de las personas pasa a lo largo de su vida por una época en la que quiere llamar la atención y ser florerito, centro de mesa, roba cámara o simplemente pintamonos. A algunos ese lapso les dura toda la vida, a otros, solo una borrachera. Lo cierto es que toooodos lo hemos hecho o lo hacemos. Los que lo niegan seguro al menos lo hicieron cuando aún gateaban con el fin de manipular a sus padres y/o obtener lo que querían.
Al hacerlo básicamente se busca atraer a la masa circundante con el fin de ganar aceptación en forma de aplausos, risas, comentarios y cualquier otra forma que evidencie apoyo a la causa o un mínimo interés por parte de la audiencia.
Partiendo de la premisa que un pintamonos tiene la necesidad de un público y que sin público no hay pintamonos, ¿qué es lo que pretenden quienes van a pararse un domingo al puente Jingu en el barrio de Harajuku en Tokio vestidos con los más inusuales atuendos al no querer que los transeúntes los fotografíen? ¿No es eso parte de lo que buscan al ir ahí?
¿Acaso no saben que su costumbre de producirse meticulosamente para ir a pararse a esa vitrina, es uno de los mayores atractivos de la ciudad de Tokio señalados en las guías de viaje? ¿Si no quieren público, por qué no se visten y se miran al espejo en la casa?
Incluso quienes no van con el propósito de verlos a ellos deben de todas formas caminar por ese lugar para visitar la capilla shinto llamada Meiji que es probablemente la más famosa de la ciudad, donde los que se casan SI aceptan ser fotografiados o al menos entienden que son parte del paisaje y no te maldicen a viva voz ni le pegan un manotazo a tu cámara.
Un “like” para los novios y un “dislike” para los góticos, visuals y cosplayers.

aca sigo como fiel follower disfrutando de tus historias, un abrazo a la distancia
ResponderEliminargracias! besos :)
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