julio 20, 2013

¿Quería flores la señorita?

Un día nos duró el descanso playero. Al día siguiente ya sentimos que estábamos listos de arena, sol y mar azul, y nos picó la curiosidad de averiguar qué mas podíamos hacer en KK. La verdad es que ya teníamos una idea bastante clara gracias a las recomendaciones de una amiga, pero con el research propio descubrimos algo extra: desde KK podíamos tomar un tour de un día al Monte Kinabalu y quemar las energías acumuladas tras el laaargo descanso en la playa (¡Dónde la viste! Por supuesto aún estábamos súper cansados, pero cuando las vacaciones tienen una duración total de sólo 4 días el espíritu aventurero no nos deja tomarnos las cosas con calma).

Parque Nacional de Kinabalu

Era definitivo. Las vacaciones se habían acabado. Tuvimos que madrugar para salir a primera hora en dirección este. Destino: Monte Kinabalu. La primera parada fue en un típico caserío donde te hacen bajar de la van para descansar a.k.a comprar todo lo posible en 10 minutos. La vista desde ese lugar hacia el Monte Kinabalu era preciosa pero se la van a tener que imaginar porque no tomé fotos  del paisaje, sólo me dediqué a posar frente a la cámara —si han mirado un par de veces este blog se habrán dado cuenta de que no publico fotos mías.

La parte educativa fue lo que siguió. Entramos al Jardín Botánico del Parque Nacional de Kinabalu, que de verdad es mucho más interesante y loco que lo que una persona no fanática de las plantas —como yo— se puede imaginar. No tengo idea de los nombres de estas rarezas pero me parecieron bastante fotogénicas.
  
     
     

Parque Nacional de Kinabalu

El clímax de la aventura vino luego. No, no subimos a la cima del Monte Kinabalu, ¡¿Están locos?! ¡Sólo fuimos por el día! Y no, no somos precisamente unos expertos escaladores. El punto cúlmine de la aventura fue el canopy, momento en el que por supuesto se desató la media tormenta  así que a guardar la cámara y ponerse los impermeables. La lluvia, sin bien aguó el plan de tomar fotos desde arriba, le agregó cualquier misticismo y emoción a la experiencia. Fue super cool caminar por esos senderos colgantes de más de 30 metros de altura, mientras veíamos los árboles y los pajaritos de colores ultra vivos a través de la cortina de lluvia. Quisimos hacerlo otra vez pero había que seguir con el tour.

Parque Nacional de Kinabalu

Despúes del canopy se podía escoger entre hacer una caminata a una cascada o ir a meterse a los hot springs. Con los más de 30 grados que había y la humedad del 400%, la idea de sumergirse en agua caliente no era muy atractiva; así que optamos por la cascada que estaba ideal para meter las patitas al agua. El único detalle es que cerca del agua vimos montones de unas cositas negras que tomamos por sanguijuelas, y se nos quitaron las ganas de sacarnos los zapatos.

Lo último que hicimos, el "plato de fondo" del tour, fue ir a ver la famosa rafflesia. Se supone que el olor de la flor apesta, pero yo no sentí nada, quizás porque la distancia entre el cerco de protección y la flor era más que la que me esperaba, yo quería abrazarla :-(. "Es muy delicada ella", dicen. Ah, también había una titan arum, bien poco especial si me preguntan, pero ahí está la foto.

Rafflesia

Titan arum (samurai sword flower)



julio 13, 2013

Encuentro casual con la Tokyo Tower

Los eventos inesperados son a los viajes como la mantequilla es al pan recién salido del horno. Viajar como un miembro más de un tour con megáfono donde te llevan de la mano a cada lugar, y donde no hay ni un mínimo margen de error (como perderse, comer algo malo, mirar el monumento x desde el ángulo equivocado, perder un tren, llegar al museo después del horario de atención, ir a un lugar que ya no existe, etc.) es seguro, conveniente, fácil, y te garantiza que al final del viaje habrás hecho "todo lo que había que hacer". Sin embargo, desde mi punto de vista es lo insípido. Es como que no hubiese mantequilla en el refri y el pan se enfríe antes de que te lo puedas comer. Fooomeee. Ni un brillo.

Vista desde la Tokyo Tower

¿A qué va todo esto? A que en el último viaje a Tokio habíamos pensado ir a la Tokyo Skytree, pero por esas cosas de la vida  terminamos yendo a la celebración de este festival y resultó que a un par de cuadras del templo estaba la TokyoTower, algo parecido a la Tokyo Skytree pero 50 años más antigua y con la mitad de la altura. 

El templo Zojo, donde fuimos al festival, se ve en la esquina izquierda, abajo.

Como estábamos tan cerca decidimos subir pensando en que otro día iríamos a la Tokyo Skytree; lo que nunca ocurrió porque después de haber pagado, subido, visto la vista y tomado las fotos, nos dimos cuenta de que ya estábamos check con ver la ciudad en miniatura. 

Vista desde la Tokyo Tower

La experiencia en la Tokyo Tower fue buena —siempre es impresionante ver una ciudad gigante desde las alturas— y lo mejor de todo es que fue un panorama totalmente improvisado y relax; pero está lejos de lo que se siente en el observatorio del  Shanghai World Financial Center con su piso transparente y la vista —nocturna— de Shanghai y el Río Huangpu; top 1 en mi modesta lista de torres/rascacielos asiáticos. Lo siento Taipei 101, te tengo un cariño especial pero no eres mi favorito.


Vista desde la Tokyo Tower