Un día nos duró el descanso playero. Al
día siguiente ya sentimos que estábamos listos de arena, sol y mar azul, y nos picó la curiosidad de averiguar qué mas
podíamos hacer en KK. La verdad es que ya teníamos una idea bastante clara
gracias a las recomendaciones de una amiga, pero con el research propio
descubrimos algo extra: desde KK podíamos tomar un tour de un día al Monte
Kinabalu y quemar las energías acumuladas tras el laaargo descanso en la playa (¡Dónde
la viste! Por supuesto aún estábamos súper cansados, pero cuando las vacaciones tienen una duración
total de sólo 4 días el espíritu aventurero no nos deja tomarnos las cosas con
calma).
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| Parque Nacional de Kinabalu |
Era definitivo. Las vacaciones se habían acabado. Tuvimos que madrugar para salir a primera hora en dirección este. Destino: Monte Kinabalu. La primera parada fue en un típico caserío donde te hacen bajar de la van para descansar a.k.a comprar todo lo posible en 10 minutos. La vista desde ese lugar hacia el Monte Kinabalu era preciosa pero se la van a tener que imaginar porque no tomé fotos del paisaje, sólo me dediqué a posar frente a la cámara —si han mirado un par de veces este blog se habrán dado cuenta de que no publico fotos mías.
La parte educativa fue lo
que siguió. Entramos al Jardín Botánico del Parque Nacional de Kinabalu, que de
verdad es mucho más interesante y loco que lo que una persona no fanática de
las plantas —como yo— se puede imaginar. No tengo idea de los nombres de estas
rarezas pero me parecieron bastante fotogénicas.
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| Parque Nacional de Kinabalu |
El clímax de la aventura vino luego.
No, no subimos a la cima del Monte Kinabalu, ¡¿Están locos?! ¡Sólo fuimos por
el día! Y no, no somos precisamente unos expertos escaladores. El punto cúlmine
de la aventura fue el canopy, momento en el que por supuesto se desató la media
tormenta así que a guardar la cámara y
ponerse los impermeables. La lluvia, sin bien aguó el plan de tomar fotos desde
arriba, le agregó cualquier misticismo y emoción a la experiencia. Fue super
cool caminar por esos senderos colgantes de más de 30 metros de altura,
mientras veíamos los árboles y los pajaritos de colores ultra vivos a través de
la cortina de lluvia. Quisimos hacerlo otra vez pero había que seguir con el
tour.
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| Parque Nacional de Kinabalu |
Despúes del canopy se podía escoger
entre hacer una caminata a una cascada o ir a meterse a los hot springs. Con los
más de 30 grados que había y la humedad del 400%, la idea de sumergirse en
agua caliente no era muy atractiva; así que optamos por la cascada que estaba
ideal para meter las patitas al agua. El único detalle es que cerca del agua
vimos montones de unas cositas negras que tomamos por sanguijuelas, y se nos
quitaron las ganas de sacarnos los zapatos.
Lo último que hicimos, el
"plato de fondo" del tour, fue ir a ver la famosa rafflesia. Se
supone que el olor de la flor apesta, pero yo no sentí nada, quizás porque la
distancia entre el cerco de protección y la flor era más que la que me esperaba,
yo quería abrazarla :-(. "Es muy delicada ella", dicen. Ah, también
había una titan arum, bien poco especial si me preguntan, pero ahí está la
foto.
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| Rafflesia |
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| Titan arum (samurai sword flower) |








