junio 13, 2012

De cómo ahorrar una noche de alojamiento en Tokio

Hay cuatro mujeres sentadas en la barra de un bar en el noveno piso de un edificio en Shibuya. Tres de ellas andan juntas. La cuarta anda sola, y está sentada en una de las esquinas de la barra. Toma de su copa a pequeños sorbos mientras conversa con uno y otro de los dependientes del bar.  Al momento de entrar al bar la cuenta es de cuatro personas atendiendo y cuatro clientes. Nos sentamos en los dos taburetes libres entre el trío y la mujer que se emborracha lentamente en la esquina, y sumamos seis clientes esa noche en el Moon Bar.

Es el segundo bar que sondeamos esa noche.  La iluminación es más bien íntima, por los parlantes sale algo de jazz que no conozco. La tía de metro y medio, con peinado de jopo ochentero y lentes que evidencian una miopía algo severa, no para de sonreír mientras se mueve de un lado a otro limpiando los vestigios de la preparación de los brebajes que hemos ordenado.

El chascón cuasi estiloso sacado de un libro de manga mira desde el otro extremo de la barra en una actitud un poco tímida. Jamás nos dirige la palabra pero participa a su modo de todo lo que acontece en el bar.

El cachentoncito de cabello semi rizado y barba de chivito, que hace más de alguna intervención en la conversación a medias lenguas que se desarrolla en el par de horas que pasamos ahí, se afana limpiando las copas y las docenas de botellas que aguardan su minuto de fama en las estanterías.

Y finalmente él, el flaco del barman que vestido de terno oscuro y corbata violeta, prepara los tragos con todo un show digno de club extravagante de esos que se reservan el derecho de admisión.

Nos quedan aún tres horas para salir de Shibuya en dirección al Mercado de Pescado de Tsukiji, así que aún tenemos tiempo para una ronda de sake invitada por la mujer de la esquina, que ya es amiga nuestra. Los dependientes también son agasajados y se unen en el kanpai (salud). Acompañan al sake una variedad de snacks que incluye pasta de camarones crudos y pescaditos miniatura ultra salados.

Después del intercambio de unas últimas frases en una mezcla de inglés, japonés precario, más algo de español y chino mandarín, nos despedimos y nos marchamos en busca del siguiente bar para matar las últimas horas antes de tomar el metro hasta Tsukiji. 



2 comentarios:

  1. Estuve en un bar muy parecido en Kyoto. Me encantan!! es como entrar al living de una casa extrania. A mi me toco extra canturreo en guitarra y una mujer tambien borracha como la de tu historia pero mas participativa...me acuerdo que bailo y canto todas las canciones que tocaron jaja

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. hahaha excelente!quizas el bar en kyoto que fuiste tu era de los amigos del bar que fui yo en tokio porque ellos nos recomendaron un bar alla que no alcanzamos a conocer...

      Eliminar